Si en la foto de arriba aciertas a divisar a un perro de blanco pelo algodonado deslizándose grácilmente por el cielo y soplando juguetonamente a las nubes, creo que has llegado al blog adecuado.

El poeta francés Paul Eluard dijo que hay otros mundos pero que están en éste. Yo también creo que en mi propio mundo hay muchos otros mundos. Desde las ventanas abiertas a mi imaginación veo entrelazarse entre sí a los mundos de mi mundo y, a su vez, unirse en frágil e imperfecta armonía con esos otros mundos que en el mundo son.

BLOGS DE JOAQUÍN JOSÉ FERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ

martes, 23 de julio de 2013

De la mentira, el ocio y el ciudadano integrado: Releyendo a Riccardo Campa





Releyendo estas noches estivales de inminencia vacacional al filósofo italiano Riccardo Campa, algunos de los fragmentos de su obra de 1980 “Las nuevas herejías” (Madrid: Ediciones  Istmo. Biblioteca de Estudios Críticos) siguen reverberando poderosos en mi mente, una vez cerradas las páginas del libro y en el difuso preámbulo del sueño, con el inusitado y desasosegante eco del aquí y ahora:


1. DE LA MENTIRA.

“La mentira, entendida como expediente del poder para inducir a las masas conquistadas con la actividad productiva a que defiendan el sistema de los ataques exteriores de los excluidos y de los desheredados, se configura como propaganda ideológica. La manipulación de los datos de la experiencia, de las realizaciones alcanzadas en algunos sectores de la vida asociada, tiene el objeto de dividir la comunidad, que se halla obligada a un pacto por aquella parte de ella misma que se libra de los beneficios y, por lo tanto, a las obligaciones del sistema de la producción. La histeria colectiva que provoca el sistema productivo implica, con períodos recurrentes, la indicción de verdaderas cruzadas ideológicas: la búsqueda de lo diverso, de lo extraño, se transforma en lucha contra el enemigo. Y puesto que cada uno de los que se adhieren a pacto social puede dejar de cumplir con sus compromisos, puede verse tentado a traicionar, el fantasma de la disolución está representado por los millones de espías potenciales que constituyen el conjunto civil y político de un pueblo”.

[Capítulo VII. La memoria y el olvido (págs. 140-141)]


2. DEL OCIO.

“La amplitud del tiempo libre de la cual se aspira a disponer en la sociedad contemporánea (…) contrasta con las condiciones de precariedad económica en las cuales se halla la mayor parte de la población del planeta. (…) Mientras en el siglo pasado la preocupación del hombre es la de inserirse en las estructuras operativas de los distintos sistemas políticos y anularse en el “éxito” determinativo del producto, en el mundo moderno, aun salvando e incluso reforzando tal derecho, éste aspira a administrar aquella parte de tiempo no comprometido en el ritmo productivo para sondear en el área de sus posibilidades de conocimiento. (…) El tiempo del ocio es el tiempo de las opciones, de las alternativas, de las inclinaciones. La pasión por algo no es sino  la elección de una idea respecto a otras que podrían prohibirle una existencia más intensa y prolongada en la cotidianidad. He ahí por qué el tiempo libre fluctúa entre la reacción y la anarquía: por una parte, en él se hace inmanente la crítica por lo adquisitivo, por lo “standard” consolidado por el principio del bienestar entendido  como un veredicto autoritario que es imposible desatender; por otra, él se identifica en un edicto individual, con un procedimiento arriesgado que propone nuevamente no el entendimiento, la legitimidad de las relaciones intersubjetivas para el logro de una meta social, sino la discrasia, la asistematicidad conceptual fuera de los ordenamientos políticos que garantizan la concordia y el bienestar”.

[Capítulo I. El ocio y la reflexión disgregada (págs. 17-18)]


3. DEL CIUDADANO INTEGRADO.

“El “hombre integral”, reconciliado con el ambiente, es un producto ideológico, un prototipo de atracción para las fuerzas latentes del ciudadano integrado que se agita en la sociedad homogeneizadora y desacralizada. El alto nivel de movilización y de especialización impone, además, la elaboración de un acondicionamiento psíquico que tienda a la conciliación del explotado con el explotador y a la identificación del débil con el agresor. La “personalidad integral” podría existir en casos excepcionales, pero en calidad de ser planificado puede representar sólo algo que se confunde con la propaganda que con él se hace. Para la sociedad actual, lo mismo que para todas las sociedades anteriores, cuanto más fuerte es la coacción hacia un conformismo listo a renegar ciertos aspectos de la realidad, tanto más el dolor (por ejemplo, el aislamiento del individuo como hereje, como enemigo) inevitablemente está ligado a la anulación de la remoción psicológica. Esta conexión, sin embargo, sirve a los objetivos de los déspotas, pues los hombres, sin una idea meditada de la meta final evitan dolorosas confrontaciones con ellos mismos, y siguen viviendo tranquilamente con falsa conciencia”.

[Capítulo X. La existencia diferida (pág. 206)] 

viernes, 29 de marzo de 2013

Imagen de Rafael Alberti en el Viernes Santo de Sevilla


                            Rafael Alberti fotografiado en el Aeropuerto de Barajas
                            el 27 de abril de 1977, fecha de su regreso del exilio
                            tras la Guerra Civil



                               Procesión del Cachorro a su paso por el Puente
                               de Triana en el Viernes Santo sevillano


En un Viernes Santo huérfano de desfiles procesionales, envuelto en la bruma y la llovizna, recupero un fragmento de una lectura que realicé el pasado mes de diciembre. En él, Jacobo Cortines, profesor titular jubilado del Departamento de Literatura Española de la Universidad de Sevilla, poeta y ensayista, entre otras ocupaciones, rememora el Viernes Santo de finales de los años 70 (Rafael Alberti retornó a España en 1977, después de un exilio de casi 40 años) en el que tuvo la oportunidad de conocer en persona al ilustre poeta gaditano de la Generación del 27,  mientras ambos presenciaban en el barrio de Triana el paso en procesión de uno de las figuras icónicas más representativas de la Semana Santa de Sevilla, el Cristo de la Expiración, conocido popularmente como “El Cachorro”:


“La imagen primera que tengo de Rafael Alberti fue la de su retorno, cuando un amigo me lo presentó en el Altozano viendo pasar al Cachorro. No crucé otras palabras con él que las de la estricta cortesía. ¿A cuántos le habrían presentado esa misma noche? ¿Qué le iba a decir? ¿Que le admiraba desde mis tiempos de estudiante? ¿Que había leído su “Marinero en tierra” con entusiasmo; “Sobre los ángeles”, con pasión; “A la pintura”, con fervor? Todo aquello sobraba. Tras despedirme, me quedé mirándolo entre la multitud, de la que se destacaba por su profusa melena blanca que le daba un aire de juvenil patriarca. Él estaba allí mezclado con el pueblo, como un poeta en la calle. Su imagen era muy distinta de aquellas que aparecían en los manuales de literatura, en las solapas de sus libros, en los estudios de la Generación con sus míticos compañeros. Había envejecido y engordado, pero su mirada conservaba la viveza de antaño”.

[Jacobo Cortines. “Imágenes de Rafael Alberti”. En el libro “Nuevas Separatas de Literatura, Arte y Música”. 2012]



                            Manuscrito de un poema del libro de Rafael Alberti "A la pintura" 
                              [Fuente: Página web oficial del poeta, www.rafaelalberti.es]










jueves, 28 de marzo de 2013

Inishmore y Capri, islas en el tiempo cósmico


                                      Acantilados de Dún Aengus, en Inishmore
                                      (Islas Arán, Irlanda)


                                     Fotograma del documental "Hombres de Arán",
                                     realizado por Robert Flaherty en 1934


                                         Los Farallones de Capri (Italia)


“Oh Innisfree, isla mía, vuelvo a ti desde los años pasados en el gélido mar…”

“De nuevo están al aire libre (…) rodeados de restos de eternidad y del destino”

[Joseph McBride y Michael Wilmington. “Irlanda. El Hombre Tranquilo y The Rising of the Moon”. Capítulo 6 del libro “John Ford”. 1996]


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Allá por mediados de un ya lejano mes de enero, crucé longitudinalmente una nevada y silente isla de Irlanda en un autobús de pasajeros que cubría la línea Dublín-Galway, haciendo escala en desperdigadas poblaciones que parecían retener aún mucho del pintoresco atractivo de la tranquilidad fordiana. Llegado a mi destino, un algo destartalado microbús me condujo hasta un coqueto embarcadero, en algún lugar de la Bahía de Galway, donde tomé un pequeño ferry. Tras una hora de travesía y con los sentidos aguzados por la brusca caricia de gélidos aires marinos, divisé entre un velo de bruma el difuminado contorno de Inishmore, la mayor de las tres islas que componen el archipiélago de Arán. Tras tomar tierra, emprendí un largo trayecto a pie rumbo a Dún Aengus, uno de los principales atractivos del lugar, durante el cual recorrí extensos campos parcelados con ancestrales muros de piedras, que se apilaban en el perfecto equilibrio procurado por la inmemorial argamasa de los tiempos. Al topar con uno de los finales- o principios, según se mire- de la verde y pétrea isla, se desplegó ante mis ojos en todo su esplendor un conjunto de descomunales acantilados. La singular formación de rocosos taludes brindaba al caminante que hasta allí se aventuraba espectaculares vistas sobre un Atlántico que entreveraba de turquesa y esmeralda el incesante tesón de sus bravías aguas. Asomado a aquella sobrecogedora balconada natural, cuyos inciertos límites parecían querer prefigurar en la mente del espectador el vocablo “América”, y en la firme y secreta convicción de estar siendo escrutado a la vez por todos los siglos transcurridos desde la Edad de Bronce, experimenté el vértigo que trae consigo la contemplación de la belleza primordial cobijada en lo inefable. El adusto silencio que lo envolvía todo sonaba a incesante romper de olas, las olas del mismo mar contra el que a diario pleitearan tiempo ha en sus precarias embarcaciones los míticos “Hombres de Arán” de Robert Flaherty. Arqueología del sentimiento, no-tiempo, eternidad, tiempo cósmico: seamos aquí profundamente compasivos con la futilidad de las palabras, sencillamente incapaces de expresar aquello que desborda e inutiliza los torpes rudimentos con los que el hombre cree medir el tiempo en el vano afán de demostrar su existencia. 
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“Otro de los conceptos relacionados con el tiempo que creemos entender es el “paso” del mismo. Es obvio que el tiempo es un concepto unidimensional: podemos relacionarlo con un pasado, con un presente y con un futuro. En consecuencia, pudiera parecer que se asemeja a un río infinito que fluye eternamente –el “río del tiempo”-. Pero los físicos no ven las cosas de ese modo; señalan que no podemos medir el paso del tiempo. Los relojes no miden este paso; sólo miden intervalos de tiempo. Nosotros asignamos a estos intervalos unos números, (…) pero un reloj no nos dice con qué velocidad “cruzamos” los diversos intervalos de tiempo. (…) Un reloj es incapaz de cumplir semejante función”.

[Barry Parker. "El sueño de Einstein". 1994]


“En el presente psicológico hay dos factores que no son necesarios en la definición del tiempo físico: la memoria y la consciencia. Tanto uno como otro pertenecen a un tiempo propio de cada mente individual. Sólo tiene sentido dentro de un contexto humano, en una realidad “viva”, es decir, en una duración. El presente psicológico tiene muy poco que ver con la inmensa extensión del tiempo cósmico, que se mide por cantidades inconcebibles para nuestra consciencia, un tiempo billonario cuya medida nos da igual que se defina como finita o infinita. No es posible, psicológicamente, relacionar la realidad de cada día individual comparándola con otras realidades inertes, objetivas, pero desprovistas de proporción humana”.

[Manuel Criado del Val. "La imagen del tiempo: verbo y relatividad". 1992]


“Reemprendo la marcha y poco tiempo después la senda da un giro de ballesta y me encuentro con los farallones. Allí, abajo, en medio de un mar de lapislázuli. Cambio de rumbo y tomo el camino que desemboca en una larga y prolongada escalera de piedra que lleva a una cala. Yo me quedo a mitad del mismo, en un pequeño mirador protegido por troncos mal clavados. Está al borde de un despeñadero. Me apoyo confiado sobre la madera y contemplo los dos imponentes farallones, el del medio y el del mar adentro (…) Pocos balcones habrá en el mundo como éste. En pocos museos habrá una pieza paisajística semejante, ni siquiera las maravillosas rocas de Andrea Mantegna. Aquí observo la naturaleza prisionera de su propia melancolía. Miles de años encadenada a su belleza y eternidad (…) Mi vida se apoya en estos dos peñascos que han sido lamidos por la historia sin que en ella hayan participado. Quizás, por este motivo, permanecen tal cual surgieron de la creación o de lo que se le asemeje. Desde mi observatorio sereno, miro pasar los veleros que dejan blancas estelas  (…) Es este viento huidizo, son esos pájaros planeando desde los escarpados nidos, es esta atávica indolencia del tiempo detenido”.

[César Antonio Molina. “El añil de Capri”. En el libro “Donde la eternidad envejece”. 2012]


Vídeo de presentación del documental “How the Myth was Made: A Study of Robert Flaherty’s Man of Aran”, realizado en 1978 por George C. Stoney, James Brown y Paul Barnes.








martes, 26 de marzo de 2013

Tú mirarás por la noche las estrellas: De la fugacidad y la inmovilidad

                                       [Mac -interpretado por Peter Riegert- contempla
                                       la estrellada noche escocesa en "Un tipo genial"
                                       ("Local Hero". Bill Forsyth, 1983]




Una estrella transita subrepticiamente por una ínfima porción de oscuridad celeste. Un instante fugitivo y decisivo. Atrapar al vuelo una oportunidad única de movernos hacia el futuro sobre las alas del íntimo anhelo o la secreta aspiración. El retablo astral fija una vez más sus posiciones ante nuestra devota mirada. En el nocturno estival una miríada de minúsculas estrellas vuelve a entonar la callada oda a la inmovilidad. Con las llaves de la ilusión abriremos los pequeños cofres lumínicos donde en tiempos pretéritos guardamos celosamente valiosos lingotes de emoción.

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“Sólo recuerdo la emoción de las cosas,
y se me olvida todo lo demás”.

[Antonio Machado]



“En última instancia, la inmovilidad puede producir un “movimiento” de la emoción o del intelecto que no está disponible en la imagen en movimiento”.

[Eivind Røssaak. “The Still/Moving Field: An Introduction”. En Røssaak, E. (2011) Between Stillness and Motion: Film, Photography, Algorithms]



“-Tú mirarás por la noche las estrellas; pero yo no puedo mostrarte dónde está la mía porque es muy pequeña. Pero es mejor así. Mi estrella será para ti una estrella cualquiera. Por lo tanto, te agradará contemplar todas las estrellas; todas ellas serán tus amigas. Además, te voy a hacer un regalo…
Y volvió a reír.
-¡Ah!, pequeño, ¡cómo me gusta oír tu risa!
-Precisamente mi risa será el regalo…
-Será igual que el agua.
-¿Qué quieres decir?
-Las gentes tienen estrellas diferentes. Para algunos, los que viajan, las estrellas son sus guías. Para otros, no son otra cosa que pequeñas lucecitas. Para otros, los sabios, son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero ninguna de esas estrellas habla. Tú, sin embargo, tendrás estrellas como nadie las ha tenido.
-¿Qué me quieres decir?
-Cuando por la noche mires al cielo, estaré en una de esas estrellas; y como yo reiré, te parecerá que todas las estrellas ríen para ti. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír! (…) Tú serás siempre mi amigo. Tendrás ganas de reír conmigo. Y a veces abrirás tu ventana por ese placer… Y tus amigos se sorprenderán al verte reír mirando hacia el cielo. Entonces tú les dirás: “¡Sí, las estrellas siempre me hacen reír!”

[Antoine de Saint-Exupéry. “El Principito”, capítulo XXVI]



“[Brendan O’Malley] –Quiero que contemples una cosa que no volverás a ver aunque vivas cien años. Mira. El Fuego de San Telmo. Sólo lo había visto en alta mar.
[Belle Breckenridge] –Yo no lo había visto nunca. ¿Qué es?
“[Brendan O’Malley] –Pues, una estrella al caerse se rompe y esparce su brillo por todas partes.

[Diálogo entre Kirk Douglas (Brendan O’Malley) y Dorothy Malone (Belle Breckenridge) en la película “El último atardecer” (“The Last Sunset". Robert Aldridge, 1961), un western que contiene maravillosas escenas plenas de lírica nocturnidad.]




jueves, 26 de julio de 2012

Tereshkova en Sevilla, o la cosmogonía de una pared de bar




“Esto es, más o menos, lo que el hombre de nuestros días sigue siendo capaz de percibir de un modo directo: un trozo de tierra plana; sobre su cabeza, naturalmente, el cielo con pequeños objetos luminosos que brillan sobre él (…) ¿En virtud de qué proceso del raciocinio fueron disipándose en una lejanía cada vez más remota los estrechos límites visibles para el ojo humano, hasta el punto de que no hay ya mente capaz de concebir el tamaño de este Universo al que nos estamos refiriendo ahora, ni siquiera de imaginar la tremenda insignificancia de nuestro entorno físico al lado de él?”

[Isaac Asimov. “El Universo”. 1984]


“Y dentro del universo histórico (el único que, en cualquier sentido significativo, puede ser siempre el universo de libertad y realización), existen divisiones y fronteras que son reales y continuarán existiendo, incluso con el advenimiento de la libertad y la realización, porque todo placer, toda felicidad y humanidad se originan y viven en estas divisiones y fronteras”.

[Herbert Marcuse. “Amor mistificado: Juicio crítico de Norman O. Brow”. 1967]


“Los soviéticos han puesto en órbita a uno de sus cosmonautas, un joven piloto llamado Gagarin, adelantándose así a nuestros propios planes para enviar un hombre al espacio. Nuestro prestigio como nación ha recibido un contundente golpe simbólico, puesto que es probable que los cortos de entendederas del mundo se convenzan de que el sistema comunista puede reportar logros superiores a los nuestros, y que los cortos de entendederas de nuestro propio país, siempre un grupo a quien se puede apelar con éxito en tiempos de crisis, acaben por creer en la inferioridad de nuestros misiles nucleares. (…) El nuevo Presidente se enfrenta al peor de los ridículos ya que, mientras un astronauta soviético ha completado su vuelo alrededor de la órbita de nuestro planeta, nosotros hemos tenido que arreglárnoslas con chimpancés”.

[Jed Mercurio. “American Adulterer”. 2009. Mi traducción]



Que prácticamente cualquier bar de nuestro país constituye en sí un auténtico universo –delimitado por sus muros, puertas y ventanas y regido por idiosincrásicas leyes– es algo fácil de constatar mediante una simple observación superficial de su atmósfera. Por esta razón, el estudio del origen de sus rasgos característicos así como de su conducta evolutiva –es decir, la cosmogonía del bar– se presenta ante nosotros como una ciencia apasionante y compleja a partes iguales. Precisamente en una aplicación a pequeña escala de dicha ciencia me encuentro inmerso de un tiempo a esta parte: en el estudio de la cosmogonía de la pared de un bar de Sevilla. Nunca he cruzado las fronteras de dicho universo, nunca he puesto mis pies en su interior pero, sin embargo, he pasado caminando tres o cuatro veces junto a una de sus puertas, lo que me ha permitido llevar a cabo una exploración visual de la constelación de cuerpos celestes más asombrosa que creo que se pueda encontrar en una de las paredes de un bar andaluz. Donde, en condiciones normales esperaríamos hallar imágenes tópicas de lugares señeros de la ciudad, de vírgenes y santos, de toreros, futbolistas o artistas del flamenco, en el caso específico del Valentín’s Coffee, sito en la Avda. Emilio Lemos de la ciudad de Sevilla, nos topamos con una prodigiosa pared de la que cuelgan fotografías, de gran calidad y perfectamente enmarcadas, de una pléyade de destacados personajes de la cultura mundial –en su sentido más amplio– de ayer, hoy y siempre: Schopenhauer, Marcuse, Foucault, Derrida, Cioran, Woody Allen, Montgomery Clift, Houdini, Camus, Oscar Wilde, Dostoievski, y así hasta completar un todavía largo etcétera. Para concluir, me detendré por un momento en la observación del astro que más me cautiva de todos aquellos que integran la curiosa configuración estelar del Valentín’s Coffee: Valentina Tereshkova. Nacida en 1937 en la ciudad rusa de Malesnnikovo, Tereshkova se convirtió en el año 1963, y a bordo de la nave Vostok 6, en la primera mujer que viajó como cosmonauta al espacio, mérito éste que le valió ser reconocida oficialmente como “Héroe de la Unión Soviética”. Su posterior designación en 1968 como Presidenta del Comité de Mujeres Soviéticas sería lo que, varios años después, propiciaría la histórica fotografía con la que ilustro la presente entrada, y que constituye una prueba fehaciente de las curiosas asociaciones que, quizá por el azar o la necesidad, se producen a veces por debajo de la bóveda celeste: en el mes de agosto del año 1973, en Berlín, por entonces Alemania del Este, con motivo de la celebración del 10º Festival Mundial de la Juventud, coinciden, hombro con hombro, dos poderosos iconos para muchas mujeres y jóvenes del momento: la rusa Valentina Tereshkova, laureada primera cosmonauta de la historia, y la estadounidense Angela Davis, famosa política comunista, activista afroamericana,  profesora de filosofía e intelectual comprometida. Cerrando la órbita del pequeño viaje cósmico aquí emprendido reseñaré la circunstancia de que Angela Davis llegó a ser alumna en la Universidad de Brandeis (Massachusetts) del filósofo judío-alemán Herbert Marcuse, otro de los astros del microcosmos de la pared del Valentín’s Coffee, según señalé con anterioridad, y autor de una de las tres citas que encabezan mi texto.

jueves, 21 de junio de 2012

El cielo de verano según Tennessee Williams



Hoy día 21 de junio doy mi personal bienvenida a la estación veraniega con un fragmento de las maravillosas acotaciones escénicas iniciales que Tennessee Williams redactó en Roma, en marzo de 1948, para su obra ‘Summer and Smoke’ (‘Verano y humo’), traducida al castellano por León Mirlas para la editorial Losada. El dramaturgo estadounidense modela con esmerada pulcritud y exquisito detalle el cielo de verano que el espectador de su obra debía contemplar ante sí en todo su esplendor:

“Durante las escenas diurnas, el cielo debe ser de un azul puro e intenso (como el cielo de Italia, tal como se lo representa fielmente en los cuadros religiosos del Renacimiento) y los trajes deben formar contrastes dramáticos de color con el azul intenso sobre cuyo fondo se destacan las figuras. (Las armonías de color y demás efectos visuales son de enorme importancia.)

En las escenas nocturnas, las constelaciones más familiares, como Orión y la Osa Mayor y las Pléyades, se proyectan claramente en el cielo nocturno, y por sobre ellas, dispersas en lo alto del panorama, está la nebulosa radiación de la Vía Láctea. También pueden proyectarse sobre este panorama nubes aborregadas, haciéndoselas derivar a través de él”.

En la foto, Tennessee Williams se relaja en una playa italiana en 1956.

martes, 20 de marzo de 2012

De California a Huelva: Postales para un exordio literario de la primavera



Por esas caprichosas leyes del azar que son tan del gusto del escritor estadounidense Paul Auster, justo el día que principia la primavera, el número XXV, con su romana elegancia, me susurra al oído que abra los libros "Las uvas de la ira" y "Platero y yo" por sus respectivos capítulos vigésimoquintos, para dar la bienvenida que se merece a la radiante y prometedora nueva estación:

"La primavera es hermosa en California. Valles en los que las frutas maduras son fragantes aguas rosas y blancas de un mar poco profundo. Luego los primeros zarcillos de las uvas, hinchándose desde las viejas vides nudosas, caen como una cascada y cubren los troncos. Las verdes colinas son redondeadas y suaves como senos (…) Y entonces las hojas salen en los árboles y los pétalos caen de los frutales y alfombran la tierra de rosa y blanco. Los centros de las flores se hinchan, crecen y se colorean: cerezasy manzanas, melocotones y peras, higos cuya flor se cierra sobre la fruta. Toda California se acelera con productos de la tierra y la fruta se hace pesada y las ramas se van inclinando poco a poco bajo el peso de la fruta".

[John Steinbeck. “Las uvas de la ira”, capítulo XXV]


"Salgo al huerto y canto gracias al Dios del día azul. ¡Libre concierto de picos, fresco y sin fin! La golondrina riza, caprichosa, su gorjeo en el pozo; silba el mirlo sobre la naranja caída; de fuego, la oropéndola charla, de chaparro en chaparro; el chamariz ríe larga y menudamente en la cima del eucalipto, y, en el pino grande, los gorriones discuten desaforadamente.

¡Cómo está la mañana! El sol pone en la tierra su alegría de plata y de oro; mariposas de cien colores juegan por todas partes; entre las flores, por la casa —ya dentro, ya fuera—, en el manantial. Por doquiera, el campo se abre en estallidos, en crujidos, en un hervidero de vida sana y nueva.

Parece que estuviéramos dentro de un gran panal de luz, que fuese el interior de una inmensa y cálida rosa encendida".

[Juan Ramón Jiménez. “La primavera”. “Platero y yo”, capítulo XXV]


Ilustran esta entrada dos cautivadoras postales antiguas: una de un huerto de naranjas en California, y otra del Paseo de Los Naranjos en Huelva.