Si en la foto de arriba aciertas a divisar a un perro de blanco pelo algodonado deslizándose grácilmente por el cielo y soplando juguetonamente a las nubes, creo que has llegado al blog adecuado.

El poeta francés Paul Eluard dijo que hay otros mundos pero que están en éste. Yo también creo que en mi propio mundo hay muchos otros mundos. Desde las ventanas abiertas a mi imaginación veo entrelazarse entre sí a los mundos de mi mundo y, a su vez, unirse en frágil e imperfecta armonía con esos otros mundos que en el mundo son.

BLOGS DE JOAQUÍN JOSÉ FERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ

domingo, 29 de enero de 2012

Tres héroes gallegos


“Fue una noche de fiesta estudiantil que acabó en tragedia en la playa del Orzán, en pleno centro urbano de A Coruña. El mar, con alerta naranja en la costa y olas de hasta cinco metros al ser pleamar cuando ocurrió el suceso, engulló a orillas del arenal en la madrugada de ayer a cuatro personas, un estudiante de nacionalidad eslovaca de 23 años y tres policías nacionales que se lanzaron al agua para auxiliarlo (…) ‘Las olas eran tremendas, daban miedo, y había una persona en el agua gritando socorro cuando los policías se metieron en el mar para rescatarlo’ relató un testigo”.

[Paola Obelleiro. A Coruña. El País, sábado 28 de enero de 2012]


“La proa del Aril está al otro lado del horizonte, abriendo aguas que no se ven, cuyo rumor se escucha, cuya fuerza se siente en el hierro trémulo (…) Macario Martín, sentado en la litera, habla.
-Un hombre al agua sería imposible que se salvase (…) Hoy sería imposible: ni se le vería, ni se le oiría”.

[Ignacio Aldecoa. “Gran Sol”]


“Ante el faro de Fisterra están los islotes de Lobeira Grande y Lobeira Chica, mientras que un poco a la derecha hay un pedazo de mar, conocido como O Centolo, que tiene su propia historia negra dentro de las tragedias de la Costa da Morte. Según J. Braña, durante un temporal, el 7 de septiembre de 1870, se hundió allí un acorazado inglés. En el naufragio murieron 482 marineros y sólo hubo 18 supervivientes”.

[“El faro del fin del mundo”. Galicia. Las Guías Visuales de España]


“La cuarta raza también era de bronce, pero estos hombres eran más nobles y generosos, habiendo sido engendrados por los dioses en madres mortales. Lucharon valientemente en el asedio de Tebas, la expedición de los argonautas y la guerra de Troya. Se convirtieron en héroes y viven en los Campos Elíseos”.

[Robert Graves. “Los mitos griegos]


¿Qué din os rumorosos
na costa verdecente
ao raio transparente
do prácido luar?

Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden
e con arroubo atenden
o noso ronco son.

¿Qué dicen los rumorosos
en la costa verdescente
al rayo transparente
de la plácida luz lunar?

Los buenos y generosos
nuestra voz entienden,
y con arrobo atienden
nuestro ronco sonido.

[Himno gallego. Extracto]]




El mar es una cosa. El mar en Galicia es otra. El mar en Galicia en invierno es otra. El mar en Galicia en invierno durante un temporal es otra bien distinta ante la que las tres primeras no resisten comparación posible, como tuve la oportunidad de comprobar con mis propios ojos en un viaje que, aún siendo niño, realicé a aquellas tierras durante la estación invernal. En los años de mi niñez, adolescencia y primera juventud solía visitar con frecuencia Galicia (lugar al que me vincula el 50% de mi ascendencia genealógica), pero invariablemente en verano. Un año tuvimos la oportunidad de viajar allí en invierno. En todas nuestras estancias gustábamos de acudir un día al faro de Corrubedo (A Coruña), para dar un paseo y disfrutar de un enclave con un encanto especial, rodeado del intenso azul del mar en el extremo suroccidental de la península do Barbanza, a la entrada de la ría de Arousa, y al que se accedía por una recta y solitaria carretera flanqueada por las imponentes formaciones dunares del parque natural que lleva el mismo nombre que el faro. La visita al faro de Corrubedo aquel invierno quedó para siempre impresa en mi memoria. En una mañana que lumínicamente tenía más de noche, nos aproximamos a la totémica torre vigía, que presentaba un aspecto diferente del habitual, sobre el fondo de los amenazantes tonos morados y grisáceos del plúmbeo cielo. Había un enorme temporal, con vientos que rasgaban con su silbo ensordecedor el silencio de la remota punta y que parecían llegar a mover el Renault 8 que teníamos por aquel entonces. En cuestión de segundos tomamos conciencia de que el mar en Galicia en invierno durante un temporal no es un elemento natural, sino una todopoderosa e implacable fuerza sobrenatural que puede jugar a su antojo con lo que se ponga a su alcance, sean estos seres animados u objetos inanimados. La violencia del viento, el pavoroso estruendo de las olas de varios metros golpeando inmisericordemente las erizadas rocas de la abrupta costa y la avanzadilla pulverizada del mar que, a pesar de la notable distancia en metros, conseguía alcanzar los cristales del vehículo provocaron en nosotros tal sensación de miedo e indefensión que no nos atrevimos ni a bajar de él.

Sólo con la madera de un héroe, sólo con la elevada fuerza de los seres de origen semidivino de la mitología griega, sólo con la inconmensurable valentía del protagonista de las grandes epopeyas clásicas, puede un hombre tener el coraje de arrojarse al mar en Galicia en invierno durante un temporal, incluso cuando el motivo es salvarle la vida al prójimo. Tres héroes gallegos lo tuvieron en la madrugada del viernes 27 al sábado 28 de enero pasado: los policías nacionales Javier López López (de A Coruña), Rodrigo Maseda Lozano (de Burela, Lugo) y José Antonio Villamor Vázquez (de Friol, Lugo). En un mundo grandemente deshumanizado, donde tantos individuos se han atribuido, atribuyen y, lamentablemente, seguirán atribuyéndose el aberrante “derecho” a quitarle la vida a sus congéneres, que tres policías gallegos entregasen su vida en ritual sacrificio al sobrenatural mar de su tierra para intentar preservar la de un semejante me hace seguir creyendo, sin fisuras, en el futuro de nuestra especie, porque entre sus miembros hay algunos que tienen un contacto directo con los dioses.

2 comentarios:

  1. Muy bonito y lleno de nostalgia tu relato Joaquín. No sabes la de veces que monté en ese Renault 8.
    Algún día te contaré un anécdota especialmente inolvidable de un viaje a los Pinos de Valverde. Ya me lo recordarás. Tampoco estuvo mal mi primera experiencia de conductor con carnet en un Seat 600 en cuyo salpicadero estaban las fotos de vosotros con el célebre "Papá no corras".

    Un fuerte abrzo

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  2. Bonito y emotivo. Una pena la pérdida de vidas, pero más aún cuando son de personas solidarias y comprometidas con los demás. Dar la propia vida por otra persona, a mi juicio, es el mayor acto de honor, valentía y humanidad que una persona pueda tener jamás.

    Gracias por compartirlo. Un saludo.

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